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	<title>Comentarios en: Encuestas</title>
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		<title>Por: Manuel</title>
		<link>http://juanalbertobelloch.com/2010/05/encuestas/comment-page-1/#comment-766</link>
		<dc:creator>Manuel</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 03 Apr 2011 22:33:06 +0000</pubDate>
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		<description>Sr.:
	Los ciudadanos de Zaragoza, especialmente los que residimos en zona céntrica, venimos soportando desde hace años los ruidos y molestias de diversa índole que provocan los alegres noctámbulos que no tienen el más mínimo respeto o consideración con los vecinos que habitan en las casas de alrededor y que, obviamente, tienen derecho a descansar, al menos durante la noche. Es evidente que el actual montaje de diversión ilícita en la calle no resulta fácil de atajar puesto que se ha convertido en una práctica inveterada, especialmente a raíz de la exaltación pública que de ella hizo Tierno Galván, el “viejo profesor” exaltación que podrá resultar muy simpática y “popular” en un acto público desenfadado, pero con unas consecuencias difícilmente previsibles y por lo tanto, de una irresponsabilidad manifiesta.

	Cuando uno viaja a lo que llamamos coloquialmente la “Europa civilizada”, se observa rápidamente el concepto tan distinto que allí significa respetar las normas, porque, no olvidemos que aquí somos unos auténticos “campeones” en la aprobación de normas, pero cuestión bien distinta es exigir que se cumplan aunque sea mínimamente, en especial si se trata de orden público, más conflictivo y en consecuencia más comprometido. 	

	Hace unos meses tuve la ocasión de estar unos días en Munich, ciudad alegre y cervecera donde las haya, muchos estudiantes, entre ellos, españoles por cierto, bares de copas, cervecerías, parques y plazas públicas con bastantes más jardines que aquí, pero eso sí, allí se exige el cumplimiento de las normas, no se observa el más mínimo indicio de alboroto callejero, ni botellones a gogó, también hay que decir que los responsables del establecimiento nocturno se preocupan de advertir a sus clientes a la salida del local de que no hablen alto ni griten en la calle. ¿Quizá porque el local se la juega si hay denuncias del vecindario?¿Se imagina por un momento algo así en nuestra ciudad? ¿En nuestro país? ¡qué va! ¡por Dios! aquí somos gente espontánea, natural, con sangre en las venas, no como esos extranjeros o españoles transfigurados por el entorno, tan serios y respetuosos con la ley, aquí somos de una tolerancia y permisividad con el gamberrismo al que nadie tan siquiera se aproxima en los países de nuestro entorno. Eso sí que es ser un demócrata por su sitio.

	Viene a cuento todo ello porque desde hace años, en algunas ocasiones, harto de aguantar los excesos nocturnos de gente “encantadoramente espontánea” he recurrido a llamar al 092 donde, en el mejor de los casos, me dicen que cuando pueda se pasará por allí una patrulla que, si decide hacerlo, da una vuelta dentro del coche por el perímetro de la plaza y se larga a toda velocidad. En otras ocasiones me he tenido que oír de mi interlocutor, policía local, supongo, que no está prohibido hacer “botellón” y que si la gente grita que tendré que demostrarlo. 

	En fin, todo ello, como vd. fácilmente comprenderá, hace que uno se sienta muy reconfortado con nuestra afable y efectiva policía local que no aparece ni en pintura pese a que, además, los coches campen a sus anchas por encima de aceras y en medio de pasos de cebra. Eso sí, a la mañana siguiente, ya tiene vd. una patrulla multando aunque no moleste, a algún coche mal aparcado, porque el “ingenuo” de turno prefirió irse a casa por otro medio antes que conduciendo con unas copas de más.
	 
	Por otro lado, muchos ciudadanos de Zaragoza, también valoramos el hecho de que nuestro máximo regidor municipal viva fuera del municipio que dirige, quizás así se ven los problemas que genera la ciudad en sus horas de descanso de otra manera, porque imagino que no será vd. de aquéllos que piensan que “el que viva en el centro que se fastidie”, por decirlo en términos de cortesía, como si no pagara impuestos (desde luego el I.B.I. bastante por encima que el de otros inmuebles no tan céntricos). En fin, se mire como se mire, una mala imagen, señoría.

	Por último, solo quisiera reseñar que no soy un viejo raro al que le molesta todo lo que le rodea. Tengo una edad muy similar a la suya, he tocado en un grupo de rock muchos años, me gusta la juerga y la diversión  como al que más, he salido mucho y aun salgo, aunque menos, pero siempre he tenido una máxima presente “no molestar a quienes están a mi alrededor”. ¿Por qué nuestros gobernantes no se preocupan un poco más en enseñar al ciudadano a respetar a los demás? ¿Tanto cuesta? ¿Tan impopular es?¿Tantos votos se pierden?. En España, Zaragoza es un ejemplo claro, vivimos en grandes concentraciones urbanas y con la indolencia y la pasividad de la Policía local solo conseguiremos que quienes respetan las normas de convivencia se harten y, puesto que los poderes públicos no la ejercen, acaben tomándose la justicia por su mano.

	Zaragoza, marzo de 2011.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Sr.:<br />
	Los ciudadanos de Zaragoza, especialmente los que residimos en zona céntrica, venimos soportando desde hace años los ruidos y molestias de diversa índole que provocan los alegres noctámbulos que no tienen el más mínimo respeto o consideración con los vecinos que habitan en las casas de alrededor y que, obviamente, tienen derecho a descansar, al menos durante la noche. Es evidente que el actual montaje de diversión ilícita en la calle no resulta fácil de atajar puesto que se ha convertido en una práctica inveterada, especialmente a raíz de la exaltación pública que de ella hizo Tierno Galván, el “viejo profesor” exaltación que podrá resultar muy simpática y “popular” en un acto público desenfadado, pero con unas consecuencias difícilmente previsibles y por lo tanto, de una irresponsabilidad manifiesta.</p>
<p>	Cuando uno viaja a lo que llamamos coloquialmente la “Europa civilizada”, se observa rápidamente el concepto tan distinto que allí significa respetar las normas, porque, no olvidemos que aquí somos unos auténticos “campeones” en la aprobación de normas, pero cuestión bien distinta es exigir que se cumplan aunque sea mínimamente, en especial si se trata de orden público, más conflictivo y en consecuencia más comprometido. 	</p>
<p>	Hace unos meses tuve la ocasión de estar unos días en Munich, ciudad alegre y cervecera donde las haya, muchos estudiantes, entre ellos, españoles por cierto, bares de copas, cervecerías, parques y plazas públicas con bastantes más jardines que aquí, pero eso sí, allí se exige el cumplimiento de las normas, no se observa el más mínimo indicio de alboroto callejero, ni botellones a gogó, también hay que decir que los responsables del establecimiento nocturno se preocupan de advertir a sus clientes a la salida del local de que no hablen alto ni griten en la calle. ¿Quizá porque el local se la juega si hay denuncias del vecindario?¿Se imagina por un momento algo así en nuestra ciudad? ¿En nuestro país? ¡qué va! ¡por Dios! aquí somos gente espontánea, natural, con sangre en las venas, no como esos extranjeros o españoles transfigurados por el entorno, tan serios y respetuosos con la ley, aquí somos de una tolerancia y permisividad con el gamberrismo al que nadie tan siquiera se aproxima en los países de nuestro entorno. Eso sí que es ser un demócrata por su sitio.</p>
<p>	Viene a cuento todo ello porque desde hace años, en algunas ocasiones, harto de aguantar los excesos nocturnos de gente “encantadoramente espontánea” he recurrido a llamar al 092 donde, en el mejor de los casos, me dicen que cuando pueda se pasará por allí una patrulla que, si decide hacerlo, da una vuelta dentro del coche por el perímetro de la plaza y se larga a toda velocidad. En otras ocasiones me he tenido que oír de mi interlocutor, policía local, supongo, que no está prohibido hacer “botellón” y que si la gente grita que tendré que demostrarlo. </p>
<p>	En fin, todo ello, como vd. fácilmente comprenderá, hace que uno se sienta muy reconfortado con nuestra afable y efectiva policía local que no aparece ni en pintura pese a que, además, los coches campen a sus anchas por encima de aceras y en medio de pasos de cebra. Eso sí, a la mañana siguiente, ya tiene vd. una patrulla multando aunque no moleste, a algún coche mal aparcado, porque el “ingenuo” de turno prefirió irse a casa por otro medio antes que conduciendo con unas copas de más.</p>
<p>	Por otro lado, muchos ciudadanos de Zaragoza, también valoramos el hecho de que nuestro máximo regidor municipal viva fuera del municipio que dirige, quizás así se ven los problemas que genera la ciudad en sus horas de descanso de otra manera, porque imagino que no será vd. de aquéllos que piensan que “el que viva en el centro que se fastidie”, por decirlo en términos de cortesía, como si no pagara impuestos (desde luego el I.B.I. bastante por encima que el de otros inmuebles no tan céntricos). En fin, se mire como se mire, una mala imagen, señoría.</p>
<p>	Por último, solo quisiera reseñar que no soy un viejo raro al que le molesta todo lo que le rodea. Tengo una edad muy similar a la suya, he tocado en un grupo de rock muchos años, me gusta la juerga y la diversión  como al que más, he salido mucho y aun salgo, aunque menos, pero siempre he tenido una máxima presente “no molestar a quienes están a mi alrededor”. ¿Por qué nuestros gobernantes no se preocupan un poco más en enseñar al ciudadano a respetar a los demás? ¿Tanto cuesta? ¿Tan impopular es?¿Tantos votos se pierden?. En España, Zaragoza es un ejemplo claro, vivimos en grandes concentraciones urbanas y con la indolencia y la pasividad de la Policía local solo conseguiremos que quienes respetan las normas de convivencia se harten y, puesto que los poderes públicos no la ejercen, acaben tomándose la justicia por su mano.</p>
<p>	Zaragoza, marzo de 2011.</p>
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