Floralia y el futuro de la ciudad
Hace unos días (exactamente el lunes 13 de abril) tuve el honor de hacerle entrega a la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, del título de “Defensor de Zaragoza” con motivo del Bicentenario de los Sitios. Como dije entonces, nadie lo merece más que ella. Y, conforme pase el tiempo, mejor se comprenderá y se valorará el decisivo papel que la vicepresidenta ha desempeñado en hacer posible la transformación de Zaragoza en los últimos años.
Como eso ocurrirá en cualquier caso, lo que me gustaría destacar hoy en el blog es otro aspecto muy importante de ese acto: el anuncio de que el Gobierno central firmará el protocolo de colaboración, junto con el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza, para la realización de la Expo Paisajes 2014, también conocida como Floralia.
Se trata de un hito cuya importancia no puede ser sobrevalorada, porque ese protocolo de colaboración nos garantiza dos elementos sustanciales. Asegura el apoyo económico del Gobierno a la realización del proyecto y, además, proporcionará su respaldo antes los organismos internacionales. De hecho, esto último es lo más decisivo, porque es la clave de la implicación total del Gobierno. A la hora de presentar Floralia al BIE, será el delegado de España quien lo hará, que además es el presidente de la Sociedad Estatal de Exposiciones Internacionales. Es la pieza clave para que la exposición del 2014 sea un evento internacional con todas las consecuencias.
Hemos conseguido, por lo tanto, dos grandes avances hasta la fecha: hemos obtenido el derecho a organizar Floralia (lo conseguimos en Abu Dhabi en octubre del año pasado) y ahora nos hemos asegurado que será una expo internacional con el patrocinio del Gobierno español.
Es más de lo que habíamos logrado con la Expo 2008 a estas alturas del proceso. Por eso soy optimista respecto a Floralia, a pesar de que algunos no lo entiendan. Sé que el entusiasmo llegará después; ahora lo que toca es trabajar y avanzar.
Entiendo y valoro los argumentos de quienes no terminan de ver claros algunos aspectos del proyecto, en especial su financiación, así como las cuestiones relativas a su localización, su interés o sus posibilidades de éxito y beneficios para la ciudad. Todo eso hay que discutirlo y construir poco a poco el consenso social y político necesario (algo de eso hicimos en la reciente reunión del Consejo de la Ciudad). Lo que no acepto en absoluto es la postura de quienes consideran que no debemos pensar en proyectos futuros, que sólo nos tenemos que ocupar de los problemas del presente. Esa es una actitud corta de miras y, además, contradictoria con el interés por mejorar la vida de la ciudad.
No se le puede robar el futuro a la ciudad por culpa de la crisis económica actual o cualquier otra consideración. Por supuesto que tenemos que ocuparnos, como ya hacemos, de resolver los problemas del día a día, que son muchos. Pero sin una adecuada planificación de los proyectos adecuados para el día de mañana, no habrá prosperidad, ni bienestar, ni futuro. Lo tengo tan claro que trabajamos en esa dirección a pesar de la evidencia de que en muchos casos son proyectos que, en caso de salir adelante, serán ejecutados por otras corporaciones. Es verdad que si la crisis fuese a peor y resulta mucho más larga de lo previsto, muchas de esas cosas no se podrán hacer. Pero lo que no podemos permitirnos es perder de antemano la posibilidad de desarrollar estos proyectos en el futuro.
Para terminar, sólo tres ideas muy concretas en torno a mi visión sobre el proyecto de Floralia en el 2014.
Primero. Lo interesante de este tipo de eventos internacionales no es el evento en sí, sino el plan de acompañamiento de obras e infraestructuras. Por eso, frente a quienes se preguntan qué sentido tiene meternos en otra aventura como esta, les digo: si no hay Floralia no habrá plan de acompañamiento, es decir, que no podremos completar el Plan de Riberas hasta la Alfranca ni tendremos las otras infraestructuras que necesitamos en el Este de la ciudad.
Segundo. Floralia no pone en peligro la huerta de Las Fuentes. Todo lo contrario: es la única forma en que podremos conservar lo que hay y recuperar las que se han perdido en los últimos años, mediante un programa de protección y de uso ciudadano. Si no actuamos, la huerta y los hortelanos como medio de vida desaparecerán irremisiblemente en un futuro cercano. Por eso es imprescindible ordenar y diseñar una terminación adecuada de la ciudad en ese entorno, una armónica integración de la trama urbana en el campo en lugar del abrupto corte que tenemos en la actualidad.
Y tercero. La posibilidad de incorporar viviendas en la zona no es una cuestión exclusivamente de financiación. De hecho, el argumento más importante es no repetir el error de Ranillas al excluir cualquier uso residencial. La experiencia ha demostrado ya suficientemente que el crecimiento de la trama urbana debe incluir necesariamente viviendas para asegurar la construcción de un espacio vivo, abierto a todos los ciudadanos, a todos los usos, a todas horas. Lo contrario es crear espacios estancos, de usos restringidos y sin la vitalidad deben tener las calles de la ciudad.
