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	<title>El blog de Juan Alberto Belloch &#187; ciudad</title>
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		<title>Homenaje a Bill Mitchell</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Jun 2010 07:10:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>JAB</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El pasado 11 de junio fallecía en Boston a causa de un cáncer el profesor William J. Mitchell, ex decano de la Escuela de Arquitectura del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y presidente del Comité Internacional de Expertos que asesora al Ayuntamiento de Zaragoza en el desarrollo de la Sociedad de la Información. Cuando en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.flickr.com/photos/24756797@N00/4716000151/" title="16mitchellimg-articleInline por ricardo_cavero, en Flickr"><img src="http://farm5.static.flickr.com/4025/4716000151_240bd76911.jpg" width="190" height="277" style='margin: 4px;float: left;' alt="16mitchellimg-articleInline" /></a><em>El pasado 11 de junio fallecía en Boston a causa de un cáncer el profesor William J. Mitchell, ex decano de la Escuela de Arquitectura del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y presidente del Comité Internacional de Expertos que asesora al Ayuntamiento de Zaragoza en el desarrollo de la Sociedad de la Información.<br />
</em><br />
Cuando en el mes de julio de 2003, al poco de hacer accedido a la Alcaldía, me reuní en Huesca con el profesor Manuel Castells para pedirle consejo sobre nuestros proyectos para impulsar la innovación tecnológica en la ciudad, y sobre el proyecto de Milla Digital en particular, su recomendación principal fue clara y tajante: “Tenéis que contar con el mejor del mundo en ese campo”.</p>
<p>El mejor del mundo era William J. Mitchell. Australiano de nacimiento, Bill Mitchell era en ese momento director académico del célebre Media Lab, en el no menos legendario MIT. Antes había sido decano durante una década de la Escuela de Arquitectura de esa prestigiosa universidad, a la que había llegado tras enseñar en Cambridge, UCLA y Harvard.</p>
<p>Gracias a la mediación de Manuel Castells, Mitchell enseguida se interesó por Zaragoza y sus proyectos. Tanto en las reuniones previas en el MIT como en su primera visita a nuestra ciudad -a finales de enero de 2005, en unos de los días de cierzo más gélido de los últimos tiempos- pudimos apreciar de inmediato su humildad personal, su inteligencia tranquila, su generosidad en el trabajo y su extraordinaria capacidad para enseñar.</p>
<p>Desde aquella primera visita, Mitchell regresó a Zaragoza en numerosas ocasiones para liderar el Comité Internacional de Expertos que, bajo el patrocinio de la Fundación Zaragoza Ciudad del Conocimiento, asesora al Ayuntamiento en el desarrollo  de la Sociedad de la Información y para trabajar en el proyecto de la Milla Digital. También presidió el jurado del concurso de ideas para el parque del Portillo y Almozara impulsado por Zaragoza Alta Velocidad. En una de las ocasiones vino acompañado por su esposa, Jane Wolfson, y aprovecharon para conocer el Valle de Ordesa.</p>
<p>Por mi parte, tuve el place de acompañarle en Barcelona, junto al propio Manuel Castells, durante su investidura como doctor honoris causa por la Universitat Oberta de Catalunya.</p>
<p>La última vez que estuvo en Zaragoza fue en septiembre de 2008, pocos días antes de la clausura de la Expo, que recorrió con el interés y la mirada sabia de quien interpreta la arquitectura como un sofisticado lenguaje de signos incomprensibles si no se considera el contexto cultural y social de cada entorno y los flujos de datos que conforman esa invisible “ciudad de los bits” sin la que ninguna ciudad del siglo XXI se puede describir completamente.</p>
<p>A pesar de la enfermedad, no dejó de trabajar casi hasta el último momento. Hace apenas un mes nos prometía que, en cuanto los médicos le dejaran, volvería a Zaragoza y, entre tanto, trabajaría en varias ideas para nuestra ciudad. Y en la madrugada del sábado 12 de junio nos llegó la fatal noticia de su prematuro fallecimiento a los 65 años de edad.</p>
<p>William J. Mitchell pasará a la historia por haber escrito algunos de los libros de referencia en el análisis del impacto de las nuevas tecnologías digitales en el diseño urbano y la arquitectura. Arquitecto, urbanista y reputado tecnólogo -fue él quien introdujo a su amigo Frank Gehry en el mundo del diseño asistido por ordenador que haría posible años después el Guggemheim bilbaíno-, en sus libros, en sus artículos, en sus conferencias  emergía siempre su sólida cultura humanística.</p>
<p>Formado en las universidades de Melbourne, Yale y Cambridge, fue director del Laboratorio de Diseño del MIT, donde también dirigió el grupo de investigación sobre Ciudades Inteligentes y fue titular de la cátedra Alexander W. Dreyfoos de Arquitectura y Ciencias de la Comunicación. También presidió el Comité sobre Tecnologías de la Comunicación y Creatividad de las Academias de Ciencias e Ingeniería de Estados Unidos.</p>
<p>Cuando muchos apenas habíamos oído hablar aún de Internet, Mitchell inició una trilogía fundamental que categorizó los atributos de la ciudad virtual, sus nuevos espacios de intersección con la ciudad presencial, y los cambios que se avecinan en la concepción de la arquitectura y el urbanismo para dar respuesta a las nuevas formas de trabajar,  relacionarse y aprender en la ciudad de la era digital.</p>
<p>Una ciudad digital que, contra toda caricatura hipertecnológica, él veía como un ámbito con posibilidades y riesgos, en el que todavía es posible y conveniente preservar y potenciar las cualidades de la ciudad tradicional y de sus espacios públicos. Como escribió en una de sus obras, “crear un verdadero espacio público es la forma que la ciudad tiene para afirmar las libertades esenciales: la libertad de reunión, de expresión y de protesta”. Y eso va a seguir siendo igual de válido en las ciudades inevitablemente digitales del siglo XXI.</p>
<p>En los últimos años dedicó también una parte de su esfuerzo investigador a desarrollar nuevos conceptos de movilidad urbana a partir de una reconsideración radical del automóvil, su estructura, su diseño, su uso y su tecnología. Muchos zaragozanos pudieron escucharlo de primera mano durante una memorable conferencia que dio en la CAI.</p>
<p>Para Zaragoza fue un lujo irrepetible poder contar con su asesoramiento, su visión y su cercanía, que nunca agradeceremos lo suficiente. Su huella intelectual perdurará, sobre todo, en el nuevo Centro de Arte y Tecnología, actualmente en construcción en la Milla digital. Su innovador programa se inspira precisamente en muchas de las enseñanzas y conocimientos de Bill Mitchell y será el CAT la plataforma que nos permitirá seguir trabajando en los campos que él exploró anticipadamente sobre la evolución de las ciudades en el siglo XXI. Su muerte, tan prematura, nos ha privado de muchas horas de aprendizaje, de tantos libros como esperábamos. Pero su memoria y su legado no desvanecerán. En Zaragoza, en su Zaragoza, permanecerán siempre vivos. Descanse en paz. </p>
<p>Manuel Castells <a href="http://www.lavanguardia.es/lv24h/20100619/53949076504.html">escribe sobre Mitchell y Zaragoza</a></p>
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		<title>Parque empresarial Expo</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Mar 2010 05:57:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>JAB</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Mi posición es muy clara en este asunto. Si he estado en contra de que la ciudad de la justicia se instale en ParqueExpo no es sólo por razones estrictamente ciudadanas -para el tejido social, especialmente para el Casco Histórico hubiera sido mucho más interesante que se hiciera allí mismo- sino también por razones que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi posición es muy clara en este asunto. Si he estado en contra de que la ciudad de la justicia se instale en ParqueExpo no es sólo por razones estrictamente ciudadanas -para el tejido social, especialmente para el Casco Histórico hubiera sido mucho más interesante que se hiciera allí mismo- sino también por razones que estos días se están explicitando por otros, y es que el riesgo de que haya demasiados equipamientos administrativos en el meandro, pueda equivaler a que se desactive la potencial demanda de suelo empresarial para empresas de las que aportan valor añadido a un entorno, cuando ese mercado se reanime. Es cierto, que hoy estamos en una situación en la que las previsiones son más bien especulaciones. Pero es verdad, que aunque hoy no hay mercado ni de un modo ni de otro, por tratar de ocupar rápidademente las instalaciones, yo creo que se puede cometer un error evidente, que es desnatularizar el carácter de parque empresarial del meandro.</p>
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		<title>Ante el debate del estado de la Ciudad</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Nov 2009 19:45:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>JAB</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Esta semana que viene celebramos el debate sobre el Estado de la Ciudad, una de las citas más importantes para medir la salud democrática de nuestra institución. Llevo días dando vueltas al discurso que abre la primera jornada, el miércoles 12, del que intentaré dar una visión realista, aunque no pesimista de la actualidad. Pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta semana que viene celebramos el debate sobre el Estado de la Ciudad, una de las citas más importantes para medir la salud democrática de nuestra institución. Llevo días dando vueltas al discurso que abre la primera jornada, el miércoles 12, del que intentaré dar una visión realista, aunque no pesimista de la actualidad. Pero estas largas horas de asumir o desestimar planteamientos me han llevado a una reflexión final para nosotros los políticos que me gustaría compartir en este blog que sí, es cierto, tengo muy olvidado.</p>
<p>Creo sinceramente, que nuestro ejercicio de dialéctica política en este debate tendrá, en términos de transcendencia ciudadana, una relevancia escasa. Y si la llega a tener será por razones ajenas a nuestro propio discurso. Será por anécdotas o estados de ánimo que los medios de comunicación consideren oportuno subrayar y con ello darles fe de vida.</p>
<p>Es en el fondo, un debate para esa pequeñísima minoría constituida por los periodistas, los políticos y los –llamémosles con todo cariño- “enterados”. Siendo optimistas, unos cientos de personas en una ciudad de setecientos mil. </p>
<p>No es el momento ni el sitio adecuado para analizar críticamente por qué no logramos comunicar a la sociedad la importancia de debates como el que ahora vamos a comenzar. Quiero constatar que no es “culpa” de la sociedad, de la comunidad a la que teóricamente nos dirigimos. Nosotros mismos, con nuestras corazas retóricas, con nuestra rigidez conceptual, con nuestro afán por sólo decir en cada caso lo que –erróneamente- consideramos políticamente correcto… es lo que nos ha llevado a la situación actual.</p>
<p>No vale con refugiarnos en la excusa que todos los políticos utilizan en privado pero que, raramente, verbalizan en público, en la que la culpa es de la maldita prensa que, en el mejor de los casos, no ha sabido reflejar o, en el más común, no ha querido reflejar nuestro pensamiento más profundo por razones naturalmente, turbias e interesadas&#8230; </p>
<p>Eso es hacernos trampas en el solitario perpetuo de la política casposa. La verdad es que, en general, tenemos la prensa que como clase política nos merecemos. Si todos nos dedicamos a descalificarnos, ¿por qué los medios de comunicación y hasta los ciudadanos van a pensar de nosotros mejor de lo que nosotros decimos de nosotros mismos?. Y lo más curioso es que decimos de nosotros cosas que sinceramente no pensamos. Tenemos de nosotros mejor opinión de la que expresamos.</p>
<p>Queridos compañeras y compañeros de Corporación, os propongo que mientras no seamos capaces de resolver o afrontar las quiebras estructurales de nuestra forma de hacer política y de nuestra forma de relacionarnos con los medios de comunicación y, sobretodo, con los ciudadanos –cosa que va para largo-, firmemos un pacto: No tiremos piedras contra nuestro propio tejado.</p>
<p>Ya sabéis, con precisión, lo que eso supone. Pero si, por un casual, alguno albergara dudas, no tengo inconveniente en poner algún ejemplo:</p>
<p>Acotar nuestro afán descalificador a aquellos improperios de los que estemos seguros van a tener alguna utilidad,<br />
porque los recogerá la prensa<br />
porque convencerán a algún votante<br />
porque les gustará a tus compañeros de partido, a tus familiares, a tus motivos….<br />
Por cualquier motivo, aunque sea dudosamente legítimo<br />
Pero, ¿para qué proferirnos descalificaciones genuinas y radicalmente inútiles?</p>
<p>Procuremos evitar decir los del Gobierno, que todo está bien, y los de la oposición, que todo está mal. Son discursos condenados a la inanidad por la sencilla razón de que nuestros vecinos no son tontos y saben que ontológicamente es imposible que sean verdad ninguna de las dos cosas.<br />
Haciendo ese tipo de discursos nadie saca ninguna ventaja política y sólo pierde la Política en mayúsculas.</p>
<p>Y sobretodo, mi petición más complicada, porque suena, lo reconozco, a interesada: Cuando la oposición analice fría y serenamente que ninguna ventaja política real puede obtener de decir NO a los proyectos del Gobierno, no diga NO.</p>
<p>A cambio, mi Gobierno estaría dispuesto a darles la razón no sólo cuando la tengan (que ya sería bastante) sino incluso cuando no la tengan, siempre que, en último caso, dársela no suponga causar perjuicio alguno a la ciudad.</p>
<p>¿Qué les parece el trato? Seguro que, aunque saben que es justo, me van a decir que no. Eso dice la convencional “hoja de ruta” de la política. Me conformaría con que dedicaran algunos minutos a pensar que concesiones intelectuales y éticas vale la pena sacrificar en el altar de la política.</p>
<p>Les invito a todos a traducir en hechos reales su voluntad de servir a la ciudad que legítimamente representáis.</p>
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		<title>Sobre la marca de Zaragoza</title>
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		<pubDate>Wed, 27 May 2009 15:57:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>JAB</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ahora que estamos sumidos en lo más profundo de la crisis económica, es más necesario que nunca ponerse de puntillas e intentar ver más allá de los problemas que nos agobian en el día a día. Es preciso, por ejemplo, recordar y recordarnos que Zaragoza ha experimentado en los últimos años un espectacular proceso de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ahora que estamos sumidos en lo más profundo de la crisis económica, es más necesario que nunca ponerse de puntillas e intentar ver más allá de los problemas que nos agobian en el día a día.<br />
Es preciso, por ejemplo, recordar y recordarnos que Zaragoza ha experimentado en los últimos años un espectacular proceso de transformación urbana. Un proceso de cambio, de expansión y de mejora que no es ya una aspiración largamente sentida, sino una realidad contante y sonante. Una de las más intensas transformaciones registradas entre las ciudades españolas, tanto en dimensión, como en velocidad y en volumen de recursos públicos y privados invertidos.<br />
Un éxito que sigue suscitando el interés en muchos congresos y exposiciones internacionales, de donde se sigue reclamando la presencia de Zaragoza para explicar esta singular aventura de la ciudad.<br />
Recordarlo es importante hoy, no para fomentar nuestra autoestima, sino para que tomemos todos conciencia de que estamos todavía a mitad de camino, de que no hemos alcanzado todavía más que la mitad de los objetivos del gran proyecto de Zaragoza para este arranque de siglo.</p>
<p>Zaragoza ha mejorado mucho sus infraestructuras, se ha dotado de nuevos equipamientos, ha ganado muchísimos espacios verdes y de uso público, y ha empezado a ocupar una nueva posición entre las ciudades españolas y europeas.<br />
Aunque todavía quedan muchas cosas por hacer, hay que señalar que la parte que nos queda por acometer consiste más en ideas que en cemento. Más en contenidos y actividades de valor añadido que en infraestructuras y equipamientos. Más, en definitiva, en crear y comunicar que en construir.<br />
Para convertirnos en la gran ciudad que queremos ser, nos hace falta convencernos a nosotros mismos de que somos capaces y convencer a los demás de que lo vamos a ser.Esto no se consigue simplemente con empuje e ilusión. Hace falta aplicar estrategias e instrumentos profesionales. Entre ellos, según nos vienen diciendo los expertos desde hace tiempo, la creación de una marca de la ciudad.</p>
<p>En un mundo en el que la realidad percibida está dominada por la comunicación y el marketing, es vital para cualquier producto -y también para cualquier ciudad con ambiciones- disponer de una identidad bien definida, que se base en sus atributos más genuinos y que proyecte hacia el futuro una promesa creíble y atractiva.<br />
La marca de Zaragoza que ayer presentamos no debe ser vista simplemente como un trabajo de creatividad publicitaria. Es una intervención mucho más compleja. Porque lo que la marca pretende es, ni más menos, capturar el alma de la ciudad en un momento determinado.<br />
Un trabajo para filósofos más que para diseñadores: quiénes somos, de dónde venimos y, sobre todo, a dónde vamos. ¿Qué queremos ser? ¿Por dónde empezaría uno a definir a Zaragoza si se la tuviera que explicar a alguien que no nos conozca o que no tenga una idea precisa de quiénes somos?<br />
Y de todos los atributos que podríamos esgrimir legítimamente como señas de identidad de Zaragoza en 2009, ¿con cuáles nos quedaríamos si sólo tuviéramos un segundos para explicarnos?<br />
Es el reto que les hemos propuesto al amplio equipo de profesionales que han trabajado desde hace meses y cuyo resultado final vamos a conocer hoy.<br />
Tenemos que ser humildes y admitir que Zaragoza tiene todavía, incluso después de la Expo 2008, un cierto déficit de proyección nacional e internacional. Es lo normal. Partíamos de muy atrás en la parrilla de salida y conseguir una imagen exterior potente, nítida y diferenciada es algo que cuesta muchos años y muchos esfuerzos.<br />
Tenemos que seguir haciendo cosas. Diseñando nuevos proyectos, imaginando nuevas iniciativas, lanzando nuevos retos para hacer que Zaragoza sea cada vez una ciudad mejor, más bella y relevante.<br />
Necesitamos contarle mejor al mundo lo que somos y lo que vamos a ser. Porque nuestra realidad sigue siendo hoy mucho mejor que nuestra imagen.<br />
Pero no debemos inventarnos cosas raras, ni adoptar papeles que no nos van.<br />
Llevamos dos mil años aquí, con épocas de esplendor que algunas de las ciudades con las que competimos ni siquiera podrían soñar.<br />
Nuestra principal fortaleza, después de tantas aventuras -y también desventuras, por supuesto- es justamente que nadie tiene que enseñarle a Zaragoza cómo es una ciudad.<br />
Y Zaragoza es una ciudad en la que destaca ante todo su carácter humano; es una ciudad construida a la medida del ciudadano; abarcable, paseable, sostenible, con calidad de vida, reconocible, comedida, con raíces. Una ciudad de la gente, donde todos se sienten parte de ella.<br />
¿Le parece poco a alguien? Les aseguro que lo moderno, lo rabiosamente vanguardista en este arranque del siglo XXI, es ser como nosotros, una ciudad con calidad humana, una continua expresión de equilibrio social, económico y medioambiental.<br />
Zaragoza es equilibrio y es su gente. Pero no es una foto estática, sino una secuencia en intenso movimiento.<br />
Porque el gran objetivo de Zaragoza es completar su periplo para convertirse en una gran ciudad sin perder en el camino sus señas de identidad, sus grandes valores urbanos. Un desafío apasionante, un reto permanente en el que toda la ciudad está volcada desde hace unos años.<br />
Por eso la marca de Zaragoza tiene que ser forzosamente una gran promesa: la de una ciudad conectada con el mundo. Con proyección económica. Con sentido de la innovación. Con cada vez mayores atractivos. Con un imparable proyecto de futuro.</p>
<p>Zaragoza ni está dormida, ni se cree el obligo del mundo. Somos lo que hemos querido ser y ahora queremos ser más. Queremos que todos sepan que la ciudad que hemos construido a lo largo de lo siglos es hoy una propuesta extraordinariamente interesante para vivir, para invertir, para visitar.</p>
<p>Tenemos el reto de saber contarlo, de demostrar que es cierto y de que estamos preparados para alcanzar nuestros sueños.</p>
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