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Labordeta, Doctor “Honoris Causa”

Lunes, 5 de Abril de 2010

El pasado 23 de marzo tuve la satisfacción de asistir a uno de los actos más emotivos y justos de todos los que he vivido como alcalde. Fue en el Paraninfo y el motivo era nada menos que la investidura de José Antonio Labordeta como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Zaragoza. Como todos saben, el homenajeado no pudo estar presente debido a su estado de salud. Pero la fuerza del personaje y el cariño y la admiración de todos los presentes suplieron su ausencia con creces.
Labordeta es un caso extraordinario y, como tal, uno de esos que se dan de forma muy infrecuente. Porque todo el mundo -dentro y fuera de nuestra región- le identifica con Aragón. Es nuestra imagen de marca. Y lo ha conseguido sin otros medios que su voz, sus canciones, su poesía, su permanente compromiso político y, sobre todo, con esa forma de ser -franca, noble, directa, socarrona, a veces bronca- que la gente identifica con la personalidad típica aragonesa.
Labordeta ha conseguido esa cosa tan difícil de caer bien a todo el mundo, independientemente de sus opiniones políticas. Sin duda es un gran comunicador, en el sentido más amplio y profundo de la palabra.
Al parecer, en el seno de la Universidad hubo alguna discusión sobre si los méritos indiscutibles de Labordeta justificaban el doctorado “honoris causa” o era preferible otro tipo de distinción. En mi opinión, la Universidad ha acertado plenamente con su decisión. Porque, formalidades académicas aparte, posiblemente no haya otro intelectual que haya influido tanto como José Antonio Labordeta en la configuración de la identidad colectiva de los aragoneses de estos tiempos ni en el ideario aragonés.
Porque el Aragón que hoy sentimos a flor de piel, las palabras que nos inspiran y nos movilizan, fueron las que Labordeta puso en pie verso a verso durante casi medio siglo.
Uno puede compartir o no su pesimismo crónico -yo, sinceramente, no lo comparto-, pero difícilmente podría discutirle su liderazgo moral sobre una o dos generaciones de aragoneses.
Como alcalde de Zaragoza, a Labordeta le agradeceré siempre el inolvidable pregón que pronunció en el balcón del Ayuntamiento en el inicio de las Fiestas del Pilar del año pasado. Nunca vibró tanto la plaza del Pilar como esa noche de octubre, nunca se conmovieron las piedras de la Casa Consistorial como ese día cuando Labordeta culminó su pregón entonando su legendario “Somos”.

JAB desclasificado ,

Labordeta pregonero

Domingo, 29 de Marzo de 2009

Aunque ha sido una persona política e ideológicamente comprometida con Aragón, con la libertad y con la izquierda durante toda su vida, su reputación está más allá de toda ideología y de cualquier partidismo.
Cantautor, poeta, escritor, profesor, político, presentador de televisión… José Antonio Labordeta ha sido muchas cosas a lo largo de su intensa y bien aprovechada vida.
Pero si tengo que elegir un rasgo definitorio de su carrera, habría que decir que la identidad del Aragón que hemos conocido durante las últimas cuatro décadas no puede entenderse sin los versos y las canciones de José Antonio Labordeta. Él puso en pie una geografía emocional del Aragón empobrecido, despoblado y condenado a la emigración de mediados del siglo pasado. Y nos dio a los aragoneses las palabras y la música para reconocerse, para volver a sentirse orgullosos, para ponerse en pie y avanzar hacia un futuro de progreso y libertad.
Es uno de los zaragozanos, del Casco Viejo, más y mejor conocidos en España. Con sus versos, su mochila, sus discursos a menudo tan poco políticamente correctos, Aragón se ha ganado el respeto y el cariño que inspiran su honestidad y su sinceridad.
Apreciado por todos, incluso por los que no comparten sus ideas, ha tenido la virtud de decir siempre lo que ha pensado y de hacerse entender por los más humildes, por los más cultos y por los más poderosos.
Sobran en realidad las explicaciones que elegir a Labordeta para cualquier distinción o reconocimiento. Todas se las merece sin discusión. Lo que sí es importante es que, entre todas las que el Ayuntamiento puede conceder, la que más acompaña a su figura, a su carácter, a la devoción que le tiene la gente, es la de pregonero de las Fiestas del Pilar.
Es lo que él ha sido siempre y es lo que le gusta hacer: hablarle a la gente con su voz recia y su humor socarrón. Para nosotros es un inmenso honor que haya aceptado este ofrecimiento; será un auténtico lujo, un acontecimiento para los próximas fiestas del Pilar; y será, por qué no, un más que merecido homenaje, el más popular de todos, de la ciudad que le vio nacer y que le ha visto ir y venir durante tantos años con creciente admiración (aparte de que así remediaremos un extraño vacío que nos quedaba en los anales pilaristas: ya en 1979, el alcalde Ramón Sáinz de Varanda le encargó el pregón de las primeras fiestas del Pilar de la primera Corporación municipal democrática. Y Labordeta lo escribió, pero luego no pudo estar en Zaragoza para leerlo en el balcón del Ayuntamiento).

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